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Peter Zimmermann


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Cuando en 1995 Peter Zimmermann (Friburgo, Alemania, 1956) envía a Londres unas imágenes para comenzar a trabajar con ellas al llegar a la ciudad británica, un error en el proceso electrónico gira trescientos sesenta grados su trayectoria artística. Los archivos se mezclaron y el error de la máquina se convirtió en un brete de posibilidades abiertas para tratar las fotografías tomadas del contexto real. Zimmermann trabaja desde entonces con imágenes figurativas alteradas hasta lograr superficies abstractas, autoampliando la capacidad seductora de los materiales pictóricos. Las tomas de la realidad representan el primer paso, una pequeña disculpa para crear un mundo nuevo en el que la materia no tropieza; la pintura camina por el lienzo como si fuera aceite, pidiendo permiso a los colores lindantes para abrirse un lugar en la superficie del lienzo.

La transformación mecánica de las imágenes figurativas en una reposada acumulación de pátinas saturadas de pigmentos que se reflejan entre sí, es uno de los motivos por los que cualquiera de las pinturas de Peter Zimmermann no podría confundirse con las de otro autor. Aguadas de pintura densa, formas líquidas de contornos borrosos, imágenes en ligero movimiento, capas superpuestas de fuerte opacidad. Con su confianza en el casual error londinense, Zimmermann señala un modo de ubicarse hoy en día en la amplia y diversa plataforma de recursos pictóricos. Al revelar la ausencia de narratividad y la técnica utilizada durante estos últimos once años, transforma un error en un medio de supervivencia plástico. A partir de Remix (1995) y sobre todo desde 1998, vuelca su apetito visual en el acierto de la máquina; Trabaja con direcciones de líneas curvas, formas aleatorias y mezclas sinuosas de colores que hacen de cada obra una firma original e inconfundible. Lienzos pintados mecánicamente, superficies que actúan como cobertores, sábanas densas de tonos brillantes, volubles e imprevisibles. Hasta el día del fallo mecánico y del acierto captado al vuelo -la idea ofrecida por la máquina-, Zimmermann utilizaba objetos como cartones, libros, logotipos o textos donde entrelazaba el contenido con la superficie, dejando entrever una preferencia por el ocultamiento de una parte de la obra a nuestros ojos. Desde hace once años, aquel acto de ocultar el continente se ha transformado en la actitud de cubrir el soporte sin semántica o información sumergida.

La exposición de Peter Zimmermann en la Galería Distrito 4, reúne los trabajos realizados en este último año con resina epoxídica y alterados por medios digitales. La única obra expuesta que no forma parte de su creación actual, Souvenir 2 (2007), es también el único trabajo exento, apoyado en el suelo, como un gran sofá de masa brillante. En relación al formato rectangular usual en la obra de Zimmermann, las gotas de resina dibujadas en la pared de la galería (Untitled, drips) figuran como protagonistas especiales. A camino entre un graffiti sin palabras y un bajorrelieve estilo dripping, la resina pigmentada parece haberse escapado de alguna de las pinturas cercanas.

Dos características suelen repetirse en su trabajo: la técnica empleada y una cierta comprensión de la pintura entendida como medio de seducción bidimensional. Por un lado, las plantillas se escanean e imprimen en una transparencia, luego se proyectan en el lienzo donde después se vierte la resina. Por el otro, la insistencia por la calidad atractiva de la imagen y la obviedad de la superficie cromática saturada, acerca su obra hacia una cierta idea de lujuria. Podríamos hablar de vacío y explosión al mismo tiempo, de una fiesta de colores, curvas y brillos que remiten al órgano visual como el protagonista del acto de seducción en la pintura.