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Matías Duville

Safari en el crepúsculo

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Bajo el nombre Safari en el Crepúsculo, el joven artista argentino Matías Duville (1974) expone en la galería Distrito 4, de Madrid, una serie de obras representativas de su trabajo artístico, centrado fundamentalmente en dibujos en diferentes soportes, como paredes, sedas, papel, conglomerado, etc. Sus dibujos parecen una consecuencia de sueños, de viajes imposibles y paisajes desolados, donde la falta de presencia humana revela ese estado onírico que remite incluso a cuentos infantiles e historias de un pasado lejano, donde no dejan de hacer referencia a las catástrofes naturales: huracanes, desbordamientos de ríos, etc. Esta sucesión de ideas da como resultado una concatenación de dibujos que son fiel reflejo de la convulsa creación de Duville.

Estos paisajes narrados e imaginados son un despliegue de anécdotas donde los truenos irrumpen inesperados, los huracanes arrastran automóviles, las leyes naturales están trastocadas, como si no se tratase de este planeta. Entre los múltiples sucesos de estas representaciones, el fuego se mueve con la dinámica del agua, la luz tiene el poder del viento y las olas se congelan como los objetos que ponemos en una heladera. Sus árboles antropomórficos, presentes en mucha de su obra, hablan de desolación y dolor. Pareciéramos estar, en un primer momento, frente a escenas apocalípticas: huracanes, avalanchas de troncos, accidentes, inundaciones –la lista de tragedias es larga.

Sin embargo, este listado fáctico no abarca la imaginería del joven artista. Lejos de plantarse en el mundo de lo real, Duville ubica sus catástrofes en un plano ajeno, fantástico, a partir del cual las separa de su propia naturaleza trágica. Realiza una transferencia, desde la referencia objetiva del mundo real, a la posibilidad de un mundo imposible. Su mirada es vertiginosa y cándida.

En esta nueva cosmogonía, cambia el modo de ser de las cosas. Es un mundo en transformación constante, cuyas transferencias entre lugares tienen consecuencias imprevisibles. Un caos que para el filósofo no es desorden o confusión, sino el abismo que está detrás de todo lo que existe, y cuyas reglas de orden no podemos abarcar. Pues el mundo de Duville, si bien trágico, es ordenado, tranquilo, amable. De allí su naturaleza cándida, su guiño que hipnotiza al espectador. En sus dibujos más recientes, el gesto destructivo se traslada al espacio mismo de la representación. Así, Duville afirma el arte como una fuerza generadora, capaz crear un mundo: “…un planeta similar a éste, donde el caos tiene otro sentido o leyes propias si bien similares. Todo puede ocurrir allí”.