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Harald F. Müller

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En su última exposición de la temporada, Galería Distrito Cu4tro presenta obra reciente de Harald F. Müller, artista alemán nacido en Karlsruhe en 1950. Müller vive y trabaja entre Suiza y Alemania.

Desde 2005 Harald F. Müller viene trabajando en su serie titulada Cuts, obras pequeñas en su inicio y de mayor tamaño a partir de 2007. Al igual que con su obra a gran escala Reproductionen, Cuts debería verse más como escultura que como fotografía. En un primer golpe de vista el espectador verá unos temas presentados en alta luminosidad sobre cibachrome y cubiertos por cristal. Sin embargo, una segunda mirada le hará percatarse de que las imágenes que tiene delante no pueden ser vistas separadamente de su presentación. Montados en paneles alveolados de aluminio de unos quince centímetros de grosor -un material que se utiliza en la construcción de aviones- y expuestos contra un fondo de color, estos trabajos son tan escultura o instalación como imagen. En esto Müller se mantiene fiel al concepto multi-perspectivo del arte que desarrolló para Reproduktionen: según la postura (física) que mantenga el espectador, así como de su punto de vista (psicológico), la obra adoptará el carácter de figurativa, escultórica o de instalación. O bien estas cualidades se mezclarán en una fusión de tema, medio y circunstancia arquitectónica.

Harald F. Müller llegó a los temas que trata en Cuts tras exhaustiva investigación en los archivos de diferentes empresas e instituciones. Partiendo de miles de películas, el artista seleccionó un reducido número de imágenes, tras un proceso de reducción radical, según un criterio subjetivo pero claramente comprensible. Las reprodujo en papel de cibachrome sin otro cambio que un extremado aumento de tamaño. Luego utilizó unos elementos de fijación muy elaborados para sujetar las imágenes a la pared, permitiendo que éstos aparecieran en el espacio de la exposición. Daba la impresión de que las imágenes flotaban ingrávidas frente a la pared. La complejidad y lo pesado del material del que estaban hechos los elementos de fijación –que quedaban a la vista si se miraba por detrás de los cuadros- contrastaba de manera chocante con la ligereza y vulnerabilidad del cibachrome desprotegido y esmaltado, montado sobre finas placas de aluminio. Al acercarse uno a la imagen, el tema iba haciéndose más abstracto, descomponiéndose en puntos a causa del proceso de reproducción. Este efecto contribuía enormemente a enfatizar la sensación de que las imágenes eran, en realidad, objetos.

En Cuts Harald F. Müller también utiliza imágenes que provienen de su casi infinito almacén de archivo. En este caso, no obstante, más que a través de un proceso de selección reductivo los temas surgen de un proceso de construcción-adición de diferentes capas y acoplamientos de elementos dispares, a modo de collage. Aquí las imágenes aparecen cubiertas por cristal. Las capas de papel superpuestas crean una profundidad de campo que luego resulta ser ilusoria. Mediante el escanéo y la subsiguiente reproducción en papel cibachrome, estos collages o, para ser más precisos, estos objetos tridimensionales, son transferidos a la bidimensionalidad del trampantojo. Hará falta una mirada más atenta para discernir este juego de dimensiones. El uso de material de alta calidad y técnica de precisión dan pie a un contraste raro, a la sensación de que las imágenes están defectuosas: arañazos, arrugas alguna pelusa que accidentalmente se coló en el escaner. Müller optó por no eliminar digitalmente estos “defectos”. Él suele retocar digitalmente las imágenes y no le hubiera costado nada hacerlo, pero se planteó que dejarlos y, más aun, visualizar estos puntos defectuosos convierte a las imágenes en partes de escultura o instalación. Visto así, la aparente contradicción entre materiales/ejecución de alto acabado y el descuido no puede interpretarse como mera ironía. Por el contrario, es un punto emancipatorio en la evolución de la identidad de la obra como escultura. Al artista no le interesa conseguir una imagen “perfecta” con un montaje inusual. Lo que crea son instalaciones que eluden la categorización tradicional de cuadro o escultura. Hay objetos que oscilan en un lugar intermedio que no permite definirlos con exactitud. Los títulos de las obras –como Goldgrund (‘sobre una base de oro’) o Sushiuschi- añaden una quinta dimensión de pensamiento a las dimensiones de espacio y tiempo. Se crea un espacio para la libre asociación –ni tangiblemente descriptivo ni abstractamente lírico- donde la obra queda expuesta a un titubeo de interpretaciones.

Las obras fotográfico-esculturales de Müller a menudo se exponen junto a sus esculturas de letras o palabras. Ambos tipos de obra se complementan entre sí a la perfección, a pesar de sus obvias diferencias. Las voluminosas letras en tres dimensiones hechas de madera de tilo de gran tamaño son fruto de una fuente de imprenta diseño del propio Müller. Se adhieren a los mismos principios escultóricos que las obras sobre cibachrome. Pegadas a complejos ajustes de acero, que forman parte integral de las obras, las voluminosas letras flotan livianas –a pesar de la gravedad- contra el fondo de color de la pared. Aparentemente las secuencias de letras como “MONDIA” o “IKO” carecen de contexto, lo que causa una irritación semántica que tiene el mismo propósito que los “defectos” en los Cuts de cibachrome. La incomprensibilidad de las letras, la decontextualización de las palabras, permite que el grupo de letras formen una unidad estética autónoma, una escultura o instalación –a pesar del imperativo deseo del espectador por interpretar y de la necesidad primaria del ser humano por categorizar…

Müller utiliza imágenes y palabras contingentes para deconstruir las tradicionales categorías de Bellas Artes. Es su manera de situar lo figurativo, la escultura y la instalación en una estructura no jerárquica, creando obras de arte no categorizables, con lo que pone punto final al ancestral debate sobre qué vale más, si la imagen, la escultura o la arquitectura.

Thomas Donga-Durch (abreviado)
Colonia, 2008