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Joaquín Pacheco

Joaquín Pacheco

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Paris, Londres o Ámsterdam han sido algunos de los lugares en los que ha vivido Joaquín Pacheco (Madrid, 1934). Si algo caracteriza su trayectoria, es que desde de los años sesenta hasta hoy en día, sus pinturas evidencian constantes vitales que se han mantenido a lo largo de todos los cambios de domicilio. El único espacio que no ha abandonado es el lienzo y el acrílico que cubre la superficie. En él retoma constantemente una bipartita comprensión del espacio; el plano de tierra y el cielo. La división es tan rotunda como los elementos que componen las imágenes, hombres de espaldas, observadores, o de frente. Las figuras solitarias que en tantas ocasiones aparecen en su pintura, reúnen los tonos de ambos espacios, la luz perfila y delimita sus siluetas. Figuras contemplativas en espacios semidesnudos, enmarcadas en encuadres cinematográficos que describen momentos en la vida de los personajes. Maniquíes, cuerpos humanos arquetípicos, peatones sobretodo.

Las sombras arrojadas de los protagonistas anónimos sobre el pavimento, aparecen en la mayor parte de los cuadros, con idéntica nitidez y calidad gestual que los cuerpos que retrata en posiciones descansadas. Los hombres y mujeres que Joaquín Pacheco trae al lienzo se caracterizan por la falta de elocuencia, carecen de un movimiento o una expresión corporal que refleje un estado interior específico. Los sujetos muestran un interés por la vista que contemplan, el mismo interés que el espectador al detenerse a observar la obra. La posición de los hombres de gabardina que nos dan la espalda o la actitud de la mujer sentada se acercan a la situación física de cualquier observador.

Sombras, Arquitectura, Ocaso, son algunos títulos de la exposición que presenta Distrito 4, reuniendo obras de Joaquín Pacheco desde el 2010 hasta la actualidad. Con ellos el artista ya está nombrando lo que pertenece a sus imágenes. Las pinturas seleccionadas parecen fijar las “Pequeñas historias de la espera”, en una plaza, en unas escaleras, en la playa, los reflejos del agua y a través del cristal.

Los límites de los edificios que retrata aparecen reforzados por la tensión de la perspectiva cónica que acostumbra utilizar para enmarcar las escenas. Las líneas de fuga contrastan con los volúmenes de una mujer o un árbol, masas de pintura lenta como las nubes informes que pinta. Paredes acristaladas, ventanales translúcidos que revelan la opacidad de las personas que al mismo tiempo descubren. Se trata de edificios que funcionan como masas definidas de vida inerte, como las áreas de descanso y lugares transitorios de una de sus principales referencias pictóricas, Edward Hopper. Podríamos definir las pinturas de Joaquín Pacheco como imágenes pictóricas, pues aluden a instantáneas retratando escenas donde las personas miran el propio escenario y parecen compartir, en ocasiones, los momentos menos importantes en la vida de cualquier persona.